Luto en el flamenco por el fallecimiento en Sevilla de El Cabrero a los 81 años
Desaparece José Domínguez, el cantaor pastor que convirtió la rebeldía y el compromiso social en un emblema universal del arte jondo.
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El mundo de la cultura y el flamenco lloran la pérdida de una de sus figuras más singulares e íntegras. José Domínguez, el eterno El Cabrero, ha fallecido en Sevilla este martes a la edad de 81 años. Su partida deja un vacío inmenso en el cante de raíz, aquel que nace de la tierra y se alza contra la injusticia. La localidad sevillana de Aznalcóllar, su cuna y refugio, acogerá su capilla ardiente en el Teatro Municipal, manteniendo por deseo familiar un carácter íntimo y alejado de los focos mediáticos.
Pastoreo y cante fueron las dos caras de una misma moneda para este artista indomable. El Cabrero siempre reivindicó su oficio de pastor de cabras como la escuela donde aprendió a mirar el horizonte y a forjar su pensamiento libertario. Retirado oficialmente desde 2020, tras una gira interrumpida por un ictus en 2019, el cantaor se alejó de los escenarios dejando tras de sí una leyenda de coherencia y autenticidad que le valió el respeto de todas las generaciones.
Una trayectoria sin fronteras ni etiquetas
Desde su debut discográfico en 1975 con Así canta el Cabrero, su ascenso fue imparable, llegando a ser una figura internacional que fascinó incluso a la televisión francesa. Su curiosidad artística le llevó a explorar el tango con una pureza asombrosa en su disco Sin Remache, triunfando en escenarios de Granada y Buenos Aires. No fue su única incursión fuera del flamenco; su voz recia también resonó en el mundo del rock junto a bandas como Reincidentes o en giras mundiales con figuras de la talla de Peter Gabriel.
Temas como Como el viento de Poniente, versionado años después por el grupo Marea, acercaron su mensaje a un público joven que vio en él a un poeta del pueblo, alguien que no vendía sus principios ni suavizaba sus verdades.
La bandera de la dignidad jornalera
Firme en sus ideales anarquistas y vinculado históricamente a la CNT, José Domínguez utilizó el escenario como una barricada de palabras. Sus letras desnudaban la opresión de los jornaleros y denunciaban la soberbia de los poderosos, convirtiendo el sufrimiento de la baja Andalucía en un grito de libertad. Para él, el flamenco era la herramienta definitiva para agitar conciencias y defender la dignidad humana por encima de cualquier jerarquía. Con su adiós, se apaga una voz necesaria, pero su eco seguirá resonando en cada rincón de la sierra que tanto amó.