El bailarín Antonio conquista Moscú con una histórica ovación de veinte minutos el 29 de junio de 1966
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La noche del 29 de junio de 1966 quedó marcada como una de las grandes páginas del arte español en el extranjero. En plena Guerra Fría, cuando los intercambios culturales entre Oriente y Occidente tenían una enorme trascendencia, el bailaor Antonio y su compañía de ballet flamenco protagonizaron un éxito sin precedentes en la capital de la Unión Soviética.
Más de un millar de personas abarrotaron el Teatro Mossoviet de Moscú para asistir a una actuación poco habitual en la programación cultural soviética: un gran espectáculo de baile flamenco español. Muchos espectadores permanecieron incluso de pie en los pasillos para no perderse la representación.
El espectáculo se prolongó durante casi cuatro horas, superando ampliamente el horario habitual de los teatros moscovitas, que acostumbraban a finalizar sus funciones sobre las once de la noche. Sin embargo, el entusiasmo del público no decayó en ningún momento.
Al concluir la actuación, el escenario quedó cubierto de claveles rojos, mientras una ovación que se prolongó durante veinte minutos obligó a Antonio a regresar una y otra vez al escenario. Emocionado, intentó dirigirse al público, pero los aplausos ahogaban sus palabras, por lo que terminó agradeciendo el cariño de los asistentes con nuevas improvisaciones de baile.
El éxito también alcanzó a la bailarina Rosita Segovia, que tuvo que repetir algunos de sus números ante la insistencia del público.
La acogida fue tan extraordinaria que la compañía tenía ya reservadas las cuatro noches siguientes en el Gran Palacio de los Deportes de Moscú, con capacidad para 10.000 espectadores, donde continuaría una gira que había comenzado en Leningrado y había pasado posteriormente por Kiev.
La información publicada por la prensa el 30 de junio de 1966 reflejó el enorme impacto que causó el ballet flamenco español en la Unión Soviética, convirtiendo a Antonio en uno de los grandes embajadores de la cultura española en el extranjero y demostrando que el arte era capaz de superar las fronteras ideológicas incluso en los años más intensos de la Guerra Fría.